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La nueva Horda

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La nueva Horda es parte del Capítulo V de la Historia de Warcraft aparecida en la página web de World of Warcraft adaptando los nombres de las razas a como se llaman en la actualidad.

En WoW Icon 16x16.gif aparece otra versión retocada en forma de libro que los jugadores pueden leer.

El jefe de los guardianes de los campos de internamiento, Aedelas Lodonegro, vigilaba a los orcos prisioneros desde su fortaleza-prisión, Durnholde. Un orco en particular siempre había despertado su interés: el niño huérfano que había encontrado hacía casi dieciocho años. Lodonegro crió al joven como a un esclavo favorecido y lo llamó Thrall. Le enseñó táctica, filosofía y a combatir. Fue entrenado incluso como gladiador. Durante todo el tiempo, el alcaide corrupto quería moldear al orco en un arma.

A pesar de su dura educación, el joven Thrall se convirtió en un orco fuerte y de mente ágil, que en su corazón sabía que la vida de esclavo no era para él. Mientras crecía y maduraba, aprendió cosas sobre su pueblo, los orcos, a los que nunca había conocido: después de su derrota, habían enviado a la mayoría a campos de internamiento. Los rumores decían que Martillo Maldito, el líder orco, había escapado de Lordaeron y se estaba escondiendo. Solo un clan oculto operaba en secreto, intentando evitar los vigilantes ojos de la Alianza.

El inexperto pero lleno de recursos Thrall decidió escapar de la fortaleza de Lodonegro y buscar a otros de su raza. Durante sus viajes, visitó los campos de internamiento y descubrió que la antaño poderosa raza se había vuelto, extrañamente, letárgica y depresiva. Al no encontrar a los orgullosos guerreros que esperaba descubrir, Thrall partió para encontrar al último jefe orco que no había sido derrotado: Grom Grito Infernal.

Perseguido constantemente por los humanos, Grito Infernal conservaba sin duda alguna la imparable voluntad de luchar de la Horda. Ayudado solo por su propio clan Grito de Guerra, Grito Infernal seguía luchando una guerra oculta contra la opresión de su acosado pueblo. Por desgracia, Grito Infernal nunca pudo encontrar una forma de sacar de su estupor a los orcos capturados. El impresionable Thrall, inspirado por el idealismo de Grito Infernal, desarrolló una fuerte empatía por la Horda y sus tradiciones guerreras.

Buscando la verdad de sus propios orígenes, Thrall viajó al norte para encontrar al legendario clan Lobo Gélido. Aprendió que Gul'dan había exiliado a los Lobos Gélidos durante los primeros días de la Primera Guerra. También descubrió que él era el hijo y heredero del héroe orco Durotan, el verdadero jefe de los Lobo Gélido, asesinado en los bosques hacía veinte años.

Bajo la tutela del venerable chamán Drek'Thar, Thrall estudió la antigua cultura chamánica de su pueblo, que había caído en el olvido bajo el malvado gobierno de Gul'dan. Con el paso del tiempo, Thrall se convirtió en un poderoso chamán y tomó el puesto que le pertenecía por derecho: jefe de los exiliados Lobos Gélidos. Fortalecido por los propios elementos y empujado a descubrir su destino, Thrall se lanzó a liberar a los clanes cautivos y curar a su raza de la corrupción demoníaca.

Durante sus viajes, Thrall encontró al anciano Jefe de Guerra, Orgrim Martillo Maldito, que había estado viviendo como un ermitaño durante muchos años. Martillo Maldito, que había sido un gran amigo del padre de Thrall, decidió seguir al joven visionario orco para ayudarle a liberar a los clanes cautivos. Apoyado por muchos de los jefes veteranos, Thrall finalmente consiguió revitalizar a la Horda y darle a su pueblo una nueva identidad espiritual.

Para simbolizar el renacimiento de su pueblo, Thrall volvió a la fortaleza de Lodonegro de Durnholde y puso un final decisivo a los planes de su antiguo maestro asediando los campos de internamiento. Pero la victoria tuvo un precio: durante la liberación de un campo, Martillo Maldito cayó en la batalla.

Thrall recogió su legendario martillo de guerra y vistió su armadura de placas negra para convertirse en el nuevo jefe de guerra de la Horda. Durante los siguientes meses, la pequeña pero volátil Horda de Thrall echó abajo los campos de internamiento y bloqueó los mejores esfuerzos de la Alianza para contrarrestar sus astutas estrategias. Animado por su mejor amigo y mentor, Grom Grito Infernal, Thrall trabajó para asegurarse de que su pueblo jamás volviera a ser esclavizado.

World of Warcraft

En WoW Icon 16x16.gif puede leerse por medio de un libro cuyo texto presenta algunas variaciones con respecto al publicado en el manual de Warcraft III. Dicho libro puede encontrarse Fuerte del Norte, la biblioteca de Ventormenta y Rocavil. Cuenta para el logro Inv misc book 04.png [Erudito].


La nueva Horda

El celador jefe de los campos de internamiento, Aedelas Lodonegro, vigilaba a los orcos cautivos desde su prisión-fortaleza Durnholde. Un orco en particular había llamado siempre su atención: el niño huérfano que había encontrado aproximadamente hacía dieciocho años. Lodonegro se ocupó de que el joven, aunque esclavo, tuviera un trato de favor y lo llamó Thrall. Lodonegro enseñó a los orcos táctica, filosofía y técnicas de combate. Incluso, Thrall fue entrenado como gladiador. Durante todo el tiempo, el guardián corrupto trató de moldear al orco, convirtiéndolo en un arma.

A pesar de la dureza de su educación, el joven Thrall se convirtió en un orco fuerte y mentalmente ágil, pero en su corazón sabía que la vida de esclavo no era para él. Cuando alcanzó la madurez, aprendió la historia de su pueblo, los orcos, a quienes nunca había encontrado: tras su derrota, casi todos habían sido confinados en campos de internamiento. Había rumores de que Martillo Maldito, el líder de los orcos, había escapado de Lordaeron y se había ocultado. Solo un solitario clan aún actuaba en secreto, intentando evitar la atenta mirada de la Alianza.

El resuelto pero aún inexperto Thrall decidió escapar de la fortaleza de Lodonegro y marchar en busca de otros de su clase. Durante sus viajes, Thrall visitó los campos de internamiento y vio que su raza, otrora poderosa, estaba extrañamente intimidada y aletargada. Al no encontrar a los orgullosos guerreros que esperaba descubrir, Thrall marchó en busca del último jefe orco que aún no había sido derrotado, Grom Grito Infernal.

Perseguido sin descanso por los humanos, Grito Infernal nunca perdió el insaciable apetito de la Horda por la lucha. Con la única ayuda de su devoto clan Grito de Guerra, Grito Infernal continuó librando una guerra subterránea contra la opresión de su sitiado pueblo. Desafortunadamente, Grito Infernal nunca encontró un medio de liberar a los orcos capturados de su aletargamiento. El impresionable Thrall, inspirado por el idealismo de Grito Infernal, desarrolló una fuerte empatía por la Horda y sus tradiciones guerreras.

Buscando la verdad de sus propios orígenes, Thrall viajó hacia el norte para localizar al legendario clan Lobo Gélido. Thrall supo que Gul'dan se había separado de los Lobo Gélido durante el comienzo de la Primera Guerra. Asimismo, descubrió que era el hijo y heredero del héroe orco Durotan, el verdadero jefe de los Lobo Gélido que había sido asesinado en los bosques hacía veinte años.

Bajo la tutela del venerable chamán Drek’Thar, Thrall estudió la antigua cultura chamánica de su pueblo, que había sido olvidada bajo la égida maligna de Gul'dan. Con el tiempo, Thrall se convirtió en un poderoso chamán y ocupó su lugar por derecho como jefe de los Lobo Gélido exiliados. Gracias a los poderes que le conferían los propios elementos y decidido a encontrar su propio destino, Thrall partió con el propósito de liberar a los clanes cautivos y librar a su raza de la corrupción demoníaca.

En el transcurso de sus viajes, Thrall encontró al viejo jefe guerrero Orgrim Martillo Maldito, que había estado viviendo como un ermitaño durante muchos años. Martillo Maldito, que había sido un amigo muy próximo del padre de Thrall, decidió seguir al joven y visionario orco y ayudarle en su propósito de liberar a los clanes cautivos. Con el apoyo de muchos de los jefes veteranos, finalmente Thrall alcanzó el éxito revitalizando a la Horda y proporcionando a su pueblo una nueva identidad espiritual.

Para simbolizar el renacimiento de su pueblo, Thrall regresó a la fortaleza de Lodonegro en Durnholde y puso fin, de una vez por todas, a los planes de su antiguo maestro, sitiando los campos de internamiento. Esta victoria no fue gratuita: durante el proceso de liberación de un campo, Martillo Maldito cayó en la batalla.

Thrall recogió el legendario martillo de guerra del afamado Martillo Maldito y se puso su armadura negra para convertirse en el nuevo jefe guerrero de la Horda. En el transcurso de los meses siguientes, la pequeña pero volátil Horda de Thrall liberó los campos de internamiento y frustró los mejores esfuerzos de la Alianza para contrarrestar sus inteligentes estrategias. Alentado por su mejor amigo y mentor, Grom Grito Infernal, Thrall trabajó para asegurarse de que su pueblo nunca volviera a ser esclavizado.

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